Fotografía
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Leandro Lenz | Blog personal

Desde el escritorio

Santiago, Chile.

Habiéndose cumplido un mes hace unos días de mi viaje a la capital de Chile aprovecho esta nueva entrada en el blog para hacer un breve repaso por algunas cosas que observé y fotografíe en mi estadía trasandina.

Primeramente y para dejar en claro la subjetividad de lo que viene a continuación es muy difícil definir una ciudad por tan solo unos días de visita y más aun cuando no se la recorre de manera profunda siquiera en la zona donde uno se aloja.

Santiago es una capital única en latinoamerica, No existe un modelo de ciudad parecida en esta mitad de América. Sin dejar lugar a suspicacias la capital de chile es una ciudad americana (yankee) prototípica. Tan diferente a otras metrópolis sudamericanas que puede llevarlo a uno del odio al placer en unos instantes. Por un lado, habrá que investigar que diferencias socioculturales hicieron o permitieron tal separación urbanística de Buenos Aires, San Pablo o Montevideo por citar algunas, pero eso es un análisis que me excede. Hasta que deambulé por las calles de Santiago nunca había entendido porque a los ojos extranjeros Buenos Aires se definía como una ciudad hecha para caminar (y disfrutar). Un sinfín de dolores de pie, solo apaciguados con calzado deportivo me dieron la evidencia de que en Santiago quien no tiene auto padece la ciudad. El concepto de ir caminando acá nomas a comprar algo es absurdo porque cualquier distancia de un punto a otro ya sea con un fin comercial, recreativo o hasta solo para estirar los pies implica por lo general un largo viaje de ida y vuelta. Por supuesto que en el centro de la ciudad esto no pasa pero eso es algo que sucede en cualquier lugar del mundo. La constante presencia de grandes vías, autopistas, viaductos, estacionamientos y básicamente todo lo que define a una ciudad moderna bajo los conceptos del siglo pasado hacen que la respuesta a cómo hago entonces para ir a comprar eso que quiero y me queda lejos para ir caminando sea muy simple. Comprate un auto. 

Santiago en todo su esplendor desde el Cerro San Cristobal.

Humildemente y desde este lugar bastante ignorante reconozco que este modelo de ciudad que prioriza el transporte privado y cada vez más arcaico para el beneficio de la mayoría, lo detesto o lo empecé a detestar desde que tome conciencia de cuán fácil y saludable sería un lugar donde el transporte público eficiente y medios de transportes alternativos fuesen quienes gozaran de la prioridad presupuestaria.


Así como este desarrollo urbano de Santiago me parece clasista y poco amigable con el peatón también debo reconocer que muchas particularidades me atrajeron y quisiera que Buenos Aires alguna vez las hubiese intentado.

Atardecer desde el balcón en La Gloria, Las Condes.

Caminando (mucho) por la ciudad en ningún momento siento la asfixia y claustrofobia que el concepto de manzanas compactas que a medida que uno se acerca hacia el centro financiero de Capital Federal aumenta tanto en cantidad como en altura. El modelo de medianera, tampoco está presente o al menos lo está en un nivel tan bajo comparado con el de acá que pasa desapercibido. La vida entre medianeras no es paupérrima pero la espacialidad que uno nota desde los frentes, la idea de calles interiores y por sobre todas las cosas, esa sensación de que cada uno tiene su propio lugar es algo que me dejo obnubilado. La limpieza y el orden en general es otra de las cosas tan preciadas que noté. De la mano de estos viene por supuesto el respeto entre pares, el respeto entre automovilistas, ciclistas y peatones. Una cosa que siempre lamento es que Buenos Aires haya entubado sus arroyos naturales ya que si bien el Río De La Plata está presente desde un punto de vista geográfico ¿cuántos son los porteños que en el día a día interactúan con él? Santiago tiene al Río Mapocho que recorre la ciudad de manera extensa canalizado, vale la aclaración, pero aun así creando una relación e integración que aquí no existe siquiera en el sur de la ciudad con el Riachuelo. Tuve la posibilidad de recorrerlo unos cuantos kilometros en bicicleta y entiendo que la municipalidad planea crear un espacio recreativo mayor en sus márgenes. 

El Río Mapocho desde la bicicleta a pura marcha y con una sola mano.

¿Qué otra cosa fantástica tiene Santiago? Sus cerros. Dejando de lado a los Andes y espero no ofender a nadie porque ya sabemos la belleza natural que son los Andes, la capital chilena no solo goza de tener a los picos más altos del hemisferio occidental a simple vista sino que además la ciudad esta rodeada de cerros e inclusive varios se sitúan en plena zona céntrica. Quién no quisiera hacer unas cuadras por Florida, bajar por Lavalle y tomarse un café desde la comodidad del Cerro Santa Lucía? La naturaleza fue muy bondadosa con Santiago. Acá me detengo y realizo dos observaciones.

Primero ¡Santiago es Los Angeles! ¿Cerros hollywoodenses? Si. ¿Grandes autovías? Si. ¿Río canalizado surcando la ciudad? Si. ¿Rascacielos que domine el skyline? Si.

Segundo, Buenos Aires ¡te salvaste vos solita! De las muchas cosas que me gustaron de Santiago gran parte se lo deben a la azarosa naturaleza, ahora ¿donde está el mérito de la Reina del Plata? ¡Miles y miles de kilometros a la redonda de una de las llanuras más grandes del planeta! Chato y triste por donde se lo vea. Y por si hubiese que demostrar que Dios es uruguayo, está el Rio De La Plata que con ese color marrón jamás pudo sacar un suspiro de este lado, a diferencia de las playas platenses uruguayas que gozan de un azul más entusiasta. Omitamos dejar en evidencia a la costa rellenada, privatizada y poco integrada con la ciudad que parece que nunca va a ser funcional a los porteños. Entonces el punto es que si Buenos Aires es hoy la ciudad más visitada por turistas en Sudamerica es por su oferta cultural, patrimonial, arquitectónico y social... construidos todos estos por sus habitantes y sin ayuda de la naturaleza. 

Habiéndome desviado bastante, dejo para el final otra cuestión que surgió de todas las cosas que anteriormente señale como positivas de Santiago y que merecen un apartado ya que solo yo o algunos más con los mismos intereses pueden aprovechar.
 

Paisaje urbano de Vitacura.

Jamás sentí tanta libertad para fotografiar en la calle. Desde un punto de vista técnico como personal. El concepto de las torres santiaguinas hacen que yo pueda tomar una fotografía de un edificio desde el ángulo que quiera y al mismo tiempo contar con todo el espacio que necesite para poder trabajar la perspectiva de manera correcta. Inclusive en zonas de alta densidad cuento con una abertura espacial que facilita trabajar y documentar cada edificio que se me plazca sin preocuparme por retroceder y encontrar una pared. Yendo hacia el paisaje urbano, también me veo beneficiado y encuentro situaciones que ni por asomo logro obtener en Buenos Aires. Estacionamientos, callejones y pasajes sumado a los perímetros libres hacen que desde cualquier lugar uno consiga superposición de planos, fugas, clusters y mobiliario urbano que enriquecen cualquier toma. Para felicitar también la alta fidelidad de materiales y diseño al menos 'pensado' en la mayoría de las arquitecturas modernas de la ciudad sobre todo al compararla con la pálida escena argentina.

Santiago es una ciudad para fotógrafos, no puedo decir si también es para turistas. Caminando por el centro, experimenté por primera vez lo que es una ciudad latina. No puedo describir como o porqué pero me sentí por primera vez en un ambiente que al mismo tiempo lo percibí como propio. Buenos Aires no es París, pero tampoco es Lima, La Paz, Asunción o Bogotá. Y en Santiago me sentí en cualquier capital latina menos la mía. Y eso es algo que me molestó y me dejó pensando porque, Buenos Aires no es París.

Piso 61 de la Torre Gran Santiago. Pocas horas antes del vuelo a Ezeiza decidí que no podía irme de Santiago sin pasar por el mirador más alto del continente.

Leandro Vera LenzComment